domingo, 17 de julio de 2011

Si lo lees, como espero...

Sé que me vas a matar cuando te enteres ¡Me vas a matar!. He perdido el recuerdo, el recuerdo de nuestro único beso. Mío fue el primero, ya lo sabes. Y con la pérdida me ha venido la desgracia de olvidar su verdadera importancia. Una desgracia porque ¿Cómo hablaré ahora de eso con nadie? o ¿De qué hablaré si ya no tengo el recuerdo del beso?. Ese beso era el centro de nuestras conversaciones cada vez que nos encontrábamos. Uno, sólo uno, pero tan nombrado, explicado, recordado que casi llegué a componer con él una larga historia de amor, con sus quiebras, con sus adioses, con sus reencuentros. Creo que llegué a exagerar. Y a ti nunca te pareció mal. Me seguías el hilo de esa historia posible. Disfrutabas tanto como yo.

Ahora ya no sé si fue un beso torpe y fugaz o uno de esos, intensos, interminables. No sé si fue robado, furtivo, de encontronazo, o leve, tímido y lento. No sé a qué me supo. No sé, siquiera, si reinventarlo con palabras sacadas de poemas y esquejes de novela sentimental será igual, si me servirá como aquel para que prendan algunos amores más o florezcan otros besos. Con el recuerdo del beso he perdido todo eso, y a ti también. El beso venía unido a tu nombre, que ahora tampoco recuerdo. Por eso te escribo en este papel que dejo aquí, para que lo leas y dejes tu nombre escrito al pie o me llames al número de teléfono que anoto en el reverso.

Si lo lees, como espero, sé que me vas a matar.

6 comentarios:

Noe. dijo...

Igual de tanto hablarlo... por eso se olvido.

Rayuela dijo...

un beso
silvia


(tal vez así recuerdes...*)

AVELLANEDA dijo...

Gracias a las dos. Pero disculpad que no os hable de este beso en concreto. Lamentablemente, lo he olvidado.

Graciela L Arguello dijo...

¡¡¡¡Qué decepción,Avellaneda!!! ¡¡¡Debió ser inolvidable!!!!

No me despediré con besos, para que no se te olviden... Sólo te dejo mi mirada, con una lágrima en ella... Graciela

AVELLANEDA dijo...

siempre con la emoción en la mirada, Graciela.

Azul dijo...

El buen actor sabe recuperar esas sustancias que le inflaman y le hacern vibrar de nuevo tras 200 actuaciones con el mismo papel.
Tú puedes conseguir lo mismo. Si quieres.