jueves, 18 de marzo de 2010

EL LETRERO APAGADO

Nunca sabré por qué me atrajo el letrero apagado de aquel bar, pero mis pasos buscaban su puerta desde que crucé el puente sobre aquel resto de río, al otro lado de la ciudad. Caminé convencido de que no encontraría ningún local abierto. Todos. Todos estaban abiertos. Sin embargo fui pasando de largo por delante de todos ellos. No me atraía de ellos que estuvieran casi vacíos, que estuvieran tan llenos, que tuvieran tanto humo, que parecieran tan higiénicos, ruidosos, silenciosos. Excusas, excusas, excusas. Ahora estoy convencido de que instintivamente caminaba hacia aquel bar. Mis pasos siguieron todo el tiempo una ruta inequívoca, que no marcaba yo. Con pasos de autómata subí la cuesta con una ligereza próxima a la ebriedad. Los pies leves y rápidos me llevaban, sin un roce apenas, por los secretos raíles que esquivaban a la muchedumbre que atiborraba aceras y calzada. Armados de botellas, vasos, extraños recipientes de plástico, indefinibles contenedores de líquido ocultos en bolsas sin publicidad. Bamboleantes seres babeando frases ininteligibles, estúpidos tentetiesos que peroraban a gritos, beodos convulsos y hediondos exhibicionistas de vómito y orina. Detrás de todos ellos se abría la puerta con una oscuridad a prueba de deseo. Pero entré. Nunca sabré por qué. Y sucedió. No me arrepiento, no me preocupa que sucediera sino no saber qué me dominó y me llevó hasta allí.

4 comentarios:

Noe. dijo...

Caminar entre tanta mierda requiere resistencia... y saber por qué caminas, valentía.

Noe. dijo...

pd. un lobo en tu honor.

Azul dijo...

Es curioso eso de elegir algo sin que tú mismo sepas por qué, y es lógico que te equivoques en estas, pero cuando aciertas ocurren cosas como que te sientas caído del cielo, que se te caiga la baba...

AVELLANEDA dijo...

Pues sí, Noe. Un lobo, realmente.
Azul, eso no es curioso sino frecuente, muy frecuente eso de preguntarte qué hago yo aquí si realmente no quería venir, si no... Es muy, muy frecuente.