viernes, 4 de septiembre de 2009

Fragmento sin número ni sitio donde ponerlo

Dice César Valle (y a mí no me toca creerlo) que este poema es para quien lo identifique primero. Que es como un premio, vaya, o algo de eso. Que tiene destino en una persona (que aquí no se nombra) y esta debe reclamarlo primero enviando su título, por ejemplo, en un correo.

¿Le he preguntado a la lluvia?

¿Por ti?

Seguramente, no.

Pero en los cristales, el aguacero

ha escrito, a borbotones, cinco,

cinco, no más, deseos.

Decían (ilegible),

no vengas que te espero;

olvídame eternamente cada día;

repito, repito, repito, repito,

ya no te quiero;

desespera, porque nunca

sucederá esto.

Lo leí en los cristales ayer,

en un descuido,

con las yemas de mis dedos.

3 comentarios:

Graciela L Arguello dijo...

Yo lo llamaría "Mi carta en tu cristal", porque de cristal parece este poema tan frágil, tan de agua, tan de lluvia y tan de ausencia. Un beso desde mi propia lluvia, del otro lado del mar Graciela

Noemí dijo...

Los cristales pueden ser muy crueles:dan la impresión de no existir, mostrándonos aquello que queremos pero, en cuanto nos acercamos a tocarlo, aparecen como de la nada y nos cortan el tacto (y la ilusión) en seco.
Hacen que algo sea lejano y cercano a la vez. Y en ellos queda la marca de nuestros dedos. Y en nuestros dedos queda también un sabor, insípido, por el intento de conseguir aquello que queremos.
Noemí

mafalda dijo...

"Para Ángela"