
Por si tú quieres. Te sugiero algo sobre un libro. Te sugiero que me sugieras otro. Te sugiero volvernos librescos, o simplemente leer. Te sugiero ignorar planes para leer. Te sugiero perdernos entre las páginas de ese mundo caduco y real que es distinto aunque lo caminemos juntos. Te sugi...
lunes, 28 de diciembre de 2009
MARIPOSA DE PIEL

jueves, 24 de diciembre de 2009
FELICITACIÓN DE AVELLANEDA
Por si acaso mis palabras no os molestan, aquí os dejo algunas en préstamo para que os sintáis felicitados (además de muy queridos)
Amigos, curiosos y lectores
de uno u otro continente,
trabajadores y funcionarios,
geólogos, poetas, pintores,
sabios, músicos y demás gente,
libres, liberados y libertarios,
co pausa o de repente,
amigos generosos y buenos,
permitid que en mi vanidad,
para no desmerecer, repetidamente,
sabiendo que me echáis de menos,
os diga: ¡Feliz Navidad. Feliz Navidad!
domingo, 13 de diciembre de 2009
MÁS CONFESIONES
Admirado Arsenio, guía y amigo:
Seré muy directo en esta carta, porque últimamente no he entendido ninguna de las explicaciones que me has dado para llevar a cabo esas lecturas tan peculiares que de bien poco me han servido. Aparte de no haber entendido nada de ese libro de Antígona de Sófocles, no entiendo esta última sugerencia de leer comienzos de libros. De Antígona, me quedo con Ismene que es razonable y buena ciudadana, cosa que antes como ahora no sirve de nada, porque su rey, sus dioses, su hermana y su pueblo la despreciaban por ser respetuosa con las leyes y acatarlas y por pensar de modo prudente. Pero ya ves, Arsenio, en aquel mundo como en éste, al final se admira al que se salta a la torera todo, o sea, que sólo se educa a la gente para el fracaso. Siempre pensé que eso de Un hombre un voto era una declaración descarada de la soberbia del poder, que no nos podían estar diciendo tan abiertamente que sólo somos un voto y que nuestra importancia y nuestro interés son reducidos, muy reducidos y muy ocasionales. Respecto a lo de la lectura de las primeras líneas o páginas me dices que es esencial que el inicio de un libro me atrape, que en un inicio está la constancia de la calidad del libro, que un buen principio es el libro en sí y el resto sólo circunstancias. O sea que los libros son como nosotros, únicamente interesan al principio. Sabes que seguiré tus indicaciones pero cada vez me conviene más que me las expliques mejor, y que yo las pueda entender.
De momento te diré que he reunido los siguientes comienzos:
“Un huracán era una bandada de pájaros muy alta en la noche; una bandada blanca que se acercaba ruidosamente y de improviso era sólo la cresta de una inmensa ola que se abalanzaba sobre el barco.” Es del Último mundo de Ch. Ransmayr.
“El mar, bruñido, parecía ayer un espejo; hoy sigue mostrando la superficie tersa del cristal.” Este es de la Trilogía del vagabundo de K. Hamsun.
Te iré escribiendo más aquí, pero debo decirte que de momento me parece qie el primero trata de un barco que navega por océanos árticos y naufraga y el segundo va de una aventura marina allá por las islas del Pacífico sur. Voy a comprobarlo.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Que esta es mala tierra

Te he dicho mil veces que ésta es mala tierra, bien lo sabes; y que yo resisitía inútilmente, absurdamente entre esta miseria de nieblas, entre estas friuras; pero hoy me ha llegado el aviso, vencimiento de fatiga. Se acabó. Yo también me marcharé como las ortigas del verano pasado. La luz de la bombilla ya se ha ido y el interruptor campanea ignorante de sí mismo. Fumaré un último cigarro aquí, en la puerta. El último, de hecho. Ya sé que dejé de fumar, no me lo recuerdes más; sin embargo, guardé aquel último cigarro para cuando me venciera el cáncer, y me venció esta tierra. No, nunca fue mía. Fue tierra sobre mí, congelada y seca. Tampoco voy a cerrar la puerta ¿Para qué? si no pienso regresar. Arrancaré la enredadera al atardecer y la tiraré en el rincón con los restos secos de mi alma y de mi pasado en el pajar caído. Hace tiempo que ya no hay nadie aquí, nadie, ya te lo he dicho. Últimamente hasta las noches llegaban desde más lejos. Llegaban desganadas y podridas, sin rumores, sin sobresaltos, sin luceros, sin ruidos de esos que hace al moverse el universo. Noches espesas, como aquellas con las que nos amenazaban los misioneros, la noche de todos los tiempos ¿Recuerdas que nos gustaba repetirlo porque nos daba mucho gusto y mucho miedo? ¿Recuerdas que eufóricos de vértigo lo escribimos en las portilladas caídas de los huertos? Y mira, hace tiempo que no sé de ti. Eso es, hoy hace exactamente ese tiempo y dos meses, más o menos; de hecho, porque casi me acuerdo, te escribo sin saber si tú estás en aquel punto del atlas viejo adonde te enviaba, cada semana una vez, la yema de mi dedo ¿de cuál va a ser? Te certifico esta carta, sin saber si has recibido alguna anterior; sin saber si vives siquiera. No obstante, no te preocupes demasiado, te escribo sin líneas, sin palabras, sin letras ni acentos ni tono ni intención ni nada. Te escribo vacíamente mientras se agrandan los silencios donde ladraban todos los perros, donde gañían todos los perros, donde aullaban todos los perros. Te escribo esta carta postrera a la que tampoco contestarás. Sí, por eso y porque no debes contestar. No, ni hablar, tu recuerdo no es cosa tuya. Es sólo cosa de los demás, monopolio mío porque ya soy solo. Ni eso, ando con el pie en el estribo ¡Claro que es un hablar! Y a la vez es lo definitivo. Esta es mala tierra ¡Claro que te lo había dicho! Pero tú no sabes nada, hay que concluir con silencios de blanca y puntillo y puntilla y mucho, mucho dramatismo. Y cuando yo me haya ido, todo esto que jamás fue tuyo ni mío se diluirá en los mapas, del asiento catastral número tresmililegibleveinticincobarraseiscuatroseis, será por los jamás de los jamases Ninguna Parte. Y así quiero que conste.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Más sobre el Elogio del poeta Luis Miguel Rabanal III
lunes, 7 de diciembre de 2009
Ahí te quedas
Llegó por la derecha como una ráfaga ciega. Era plena noche, la una o la una y media, no más. El cruce estaba en plena oscuridad, ni un foco parpadeante a esas hora. Y solitario. Por eso la ráfaga sin luces pareció más ciega. La ráfaga llegó exactamente cuando yo estaba a punto de librarme, y al llegar era ya un viento poderoso. Y el viento sopló en mi reojo y me volví veloz, girando, girando, girando en un laberinto de neones mortecinos. El mundo se paró de golpe y sólo se oía aquella canción sonando en la radio como una burla al desastre, como para impedir que la tragedia se materializase. La apagué y el silencio zumbó espeso.
No sé cómo llegó ella hasta allí. Fue la primera. Lo miraba todo con parsimonia “Sal” me dijo y mi brazo izquierdo empezó a buscar el cinturón. Pero aquel no era mi brazo, sino otro muy distinto ajeno y torpe que vacilaba en la búsqueda del botón. Ella se reía suavemente, “Sal ahora” mirándome desde el salpicadero. Y salí. Salí al tiempo tibio y aturdido de esa primavera reciente. Había llegado gente. No hacían nada, no decían nada, sólo miraban compasivos esperando que ella rematase la faena, pero no lo hizo, salió, me devolvió las gafas y la voz. “Cinco. Ahí te quedas. Llegan los inútiles con sus bonitos uniformes, sus luces destellantes y sus leyes y sus ciencias incapaces. No pasa nada. No te preocupes, a los otros tampoco les ha pasado nada. Este es otro regalo. Cinco. Ahí te quedas.”.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Más no te diga
Hoy, a estas horas, he decidido,
disculpa si otra vez voy directo,
que renuncio a tu olvido,
para mí ya estás muerto.
Se acabó ir día tras día
sujeta a tus cadenas,
se acabó descontar mis alegrías
de tu hipoteca de penas.
Tanto tiempo gasté, tanto,
que no hallo plazas ni bullicio,
donde las risas, sólo llanto,
por mis sendas, tu precipicio.
Por eso, ¡Silencio! Más no te diga.
Te regalo, en cambio, este gesto.
Ya soy en un fui tu última amiga.
Y tú ni serás mi recuerdo molesto.
martes, 1 de diciembre de 2009
Elogio del poeta II. Para Luis Miguel Rabanal
