jueves, 5 de mayo de 2011

FALTAN 65 DÍAS.

Faltan 65 días y esta cuenta atrás, salvo desgracias e imprevistos imperativos (o viceversa), es la buena y definitiva.

jueves, 10 de febrero de 2011

GRACIAS A TI POR ACORDARTE DE MÍ.

¡Qué grande es saberse presente en afectos y aprecios, más grandes que las distancias más grandes, mas duraderos que las fronteras leves del tiempo! Yo hoy me sé así. Y guardaré este instante entre los que no caducan.
¡Obligadamente, Graciela!

Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo.
Medio pan y un libro

Medio pan y un libro.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.


Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?


¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

domingo, 16 de enero de 2011

La voz al teléfono

La voz al teléfono me dijo que se había derrumbado. “El corral de Fuente Fiesta se ha derrumbado”. ¿El corral? Pregunté por pura inercia. “Sí. El corral. El corral de tu padre. Bueno, tuyo. Se ha derrumbado”. Di las gracias por la información, mientras la voz mecánica precisaba “Como una bomba. Se ha derrumbado como si le hubieran puesto una bomba. Como si le hubiera caído una bomba desde el cielo.”

Pulsé en la pantalla dos veces y me senté. Me senté preocupado porque algo me decía que ese derrumbe debía provocar alguna reacción en mí, y no había ninguna. Era el corral de mi padre, el que me había dejado en herencia. Un corral sin uso; un corral de ganado, casi vacío y abandonado, situado al noroeste de la carretera que sube hacia el Teleno; un corral cerrado y que únicamente contenía una vieja cama de pastor derrengada, restos disecados de ramallo, de una poda sin fecha, algunas cuerdas podridas. Toda aquella nada caída. Pero la voz había dicho bien, el corral de mi padre. Me lo dejó, me lo regaló, pero nunca fue mío porque nunca volví a usarlo. Nunca desde hace muchos años. Tantos que ya no recuerdo exactamente cuántos. Pero ese corral siempre estuvo presente en los años que compartí con mi padre (durante una tormenta aterradora, en los fríos diciembres llenos de parideras y nieblas, en los merodeos de lobos invisibles, en los veranos de asfixiantes hedores a requesón rancio y abono en fermento). Cuando se cerró definitivamente el corral a mis sueños y mis enfados, el único que realmente lo padeció fue el Tigre, un mastín, que regresaba inútilmente hasta su puerta. Miraba triste aquel abandono y volvía a casa. Cuando un día no lo vimos volver, estuvimos seguros de que una edad completa había muerto, por simple abandono.

Mientras escribo esto, tengo la sensación insostenible de que el derrumbe de Fuente Fiesta ha sido el modo de despedirse definitivamente que ha tenido mi padre. Algo así como ese gesto fugaz de la mano que se alza un instante en algunos adioses. Me queda el recuerdo, claro; los recuerdos. Pero ya son de esa especie que no nos mantiene sino que nos arrastra. Es el recuerdo del tiempo que nos lleva, del tiempo y sus derrumbes. Mi esperanza la ocuparán ahora algunas zarzas y un bosquecillo de ortigas sobre la ruina de los sueños.

lunes, 3 de enero de 2011

Libro de Requiems. Mauricio Wiessenthal


Pues de un año a otro, me ha acompañado una de las lecturas más agradables que es posible tener entre manos. Este Libro de Requiems de Mauricio Wiessenthal es una auténtica delicia, un viaje intemporal por los lugares de nuestra cultura, muy ignorada, pese a su notoriedad y por los contenidos más sensibles, aquellos que nos hurtan los llamados medios de comunicación, auténticos púlpitos modernos al servicio del comercio libresco.
He tardado en descubrir este nombre y esta escritura, pero ha sido una delicia esa dilación. Ha sido una suerte cruzar con él en las manos este decenio, llevado por la lentitud, la lejanía y la suave melancolía de sus líneas.
Yo lo he disfrutado.

GENTE TRISTE

Hoy he sumado a este lugar el blog de Julia Díez Velázquez, GENTE TRISTE. Seguir la labor de Julia es una suerte y una labor muy grata. Gente triste, cómo ella dice, es una distinción, un honor que condecora a unos pocos que merecen ese calificativo y esa distinción en este mundo de alegría monstruosa, insensible e inútil.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Me han dicho que se va

Me acaban de dar una mala noticia, muy mala. Me dicen que mi amigo, Orencio Garcés, se va. Que se está yendo de ese modo irremediable, que es para ruina del tiempo de los que quedamos. Y me ha vuelto el viejo nudo y no sé siquiera si podré acabar este texto. Mi amigo Orencio, es apenas cuarenta años mayor que yo, aunque nunca sentí esa diferencia ni ninguna otra. No sentí la diferencia amarga de su colección de sufrimientos y miedos; no sentí la diferencia de su sabiduría sencilla y generosa; no sentí la de su humor socarrón, de su sentir poético, de su bonhomía sin frontera. Sin embargo, en este mismo instante en que se me quiebran los renglones y los trazos se niegan a expresar el resto de sombras, acabo de ser consciente de los años que perdí por haberlo conocido tarde, por haber titubeado antes de franquearme con él. Hoy, siento de veras, tener oídos para conocer la noticia. Hoy, yo he empezado a irme un poco. Y basta.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Consejos

Siempre acabo preguntándome por qué doy consejos. ¿Por qué si no soy capaz de seguirlos, los doy? ¿Qué me hace creerme capaz de dirigir los pasos de alguien? Yo que sé que el viento del destino no da consejos y que ni la voluntad viene con manual de uso. Será por burlar aquella vieja regla de la inutilidad de las vidas no vividas, será por congraciarme con las sombras que regresan de melancolías pasadas, será por aceptar el derroche de fe fallida que me acompaña. Es la pregunta cuya respuesta todavía me adeudo y que, con suerte, aplazaré otro año en aras de futuros olvidos, hasta que al fin aprenda a no dar consejos para que la vida ajena se abra paso sin mi estorbo.

martes, 7 de diciembre de 2010

perdido bajo la luz


Tras tanto y tanto buscar,

de una en otra presencia

cansado, perdido bajo la luz

melancólica de las farolas

que me sacaban de la ciudad

cada atardecer,

intuí tu nombre con sabor a hierba.

Y cuando al fin te encontré

y supe que me esperabas

y alcancé el dulzor de tus palabras

y tus ojos despiertos a deshora,

estabas en el otro extremo del mundo,

en la otra esfera del tiempo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

sin apenas conocerla.


Me perdieron sus ojos de lluvia

sin apenas conocerla.

Podría decir que fue una tarde gris,

una tarde de esas que maduran

en la rama más alta de la melancolía.

Y no fue así.

La conocí mientras repasaba,

adormilado,

las caras preocupadas observándome

a la luz cenicienta que se extinguía.

Sus ojos de lluvia me perdieron

y yo que la perdía

ando buscando su luz herida.

jueves, 2 de diciembre de 2010

No he llegado nunca a tiempo...

Sabes, crepúsculo, yo, a mi edad,

no he llegado nunca a tiempo de besar

la boca largamente equivocada

y sin embargo siempre me pesaron

los golpes contenidos de ira

contenida en bofetadas perdidas,

para poder contárselos, balance

de mi vida, a quien pueda interesar,

desde el lado derecho de mi banco.

Repasando el recuerdo, diré en mi descargo

que ella me amó pese a todo,

(paso página)

y no lo sabía, mientras agotaba

su historia infantil.

(leo entre líneas)

Me enfurece entre tanto el recuento

inacabable de las cosas

que ahora tampoco podrán ser.

¡A la mierda la espera!

Sabes, crepúsculo, su piel

se enfurecía, aromática y tierna,

cuando acometíamos las caricias secretas.

Y sus labios me rompían

pronunciando mis nombre de yeso,

mientras me acuclillaba temblando

entre sus espejuelos.

¡Sabes, crepúsculo, ahora soy viejo,

pero recuerdo que su pelo…

domingo, 14 de noviembre de 2010

¿OS ACORDÁIS DEL LIBRO?

¿Os acordáis del libro? Cómo qué libro! Pues El Libro Que Volvió Loco Al Quijote. Bueno, en realidad volvió loco a Quijano y está a punto de regresar a nuestras ocupaciones. Así que arriba todos que hay tarea y, si nadie lo impide, el próximo tiene pinta de ser un buen año.

La mancha

Esta tarde, en la consulta del especialista, he sabido el resultado del análisis final. Las manchas que se extienden por todo el costado presentan unos bordes bien definidos; ya no cabe duda, la perfecta cristalización de la envidia era lo que en los tres últimos años había favorecido la falta de aristas y me había librado de sus punzadas. Llegué a olvidarme por completo de ella.

Los cristales se han roto. He vuelto a notar que los fríos desesperados de la antigua envidia me abrasan, que cientos de hirvientes llagas diminutas, de esas de espejo viejo, se me han instalado en el alma. Dentro de unos días la infección acabará el proceso y ya …

No. No consta cuál es la causa. Aunque tal vez sólo es que los médicos no lo dicen todo. O no lo saben todo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

MI VIDA ES...

Mi vida es como una devanadera de plata,
que espera alguien que sepa liberar el hilo...
(Mein Leben ruht wie eine Silberspule
in ihrer Macht. Lös meinen Faden los.)

Decía el hombre que pedía:
"no despertar a las rosas que duermen"
R. M. Rilke

Y yo dimito de la poesía porque nunca sabré decir las cosas así
ni como mi admirado Luis Miguel Rabanal.