lunes, 6 de diciembre de 2010

sin apenas conocerla.


Me perdieron sus ojos de lluvia

sin apenas conocerla.

Podría decir que fue una tarde gris,

una tarde de esas que maduran

en la rama más alta de la melancolía.

Y no fue así.

La conocí mientras repasaba,

adormilado,

las caras preocupadas observándome

a la luz cenicienta que se extinguía.

Sus ojos de lluvia me perdieron

y yo que la perdía

ando buscando su luz herida.

jueves, 2 de diciembre de 2010

No he llegado nunca a tiempo...

Sabes, crepúsculo, yo, a mi edad,

no he llegado nunca a tiempo de besar

la boca largamente equivocada

y sin embargo siempre me pesaron

los golpes contenidos de ira

contenida en bofetadas perdidas,

para poder contárselos, balance

de mi vida, a quien pueda interesar,

desde el lado derecho de mi banco.

Repasando el recuerdo, diré en mi descargo

que ella me amó pese a todo,

(paso página)

y no lo sabía, mientras agotaba

su historia infantil.

(leo entre líneas)

Me enfurece entre tanto el recuento

inacabable de las cosas

que ahora tampoco podrán ser.

¡A la mierda la espera!

Sabes, crepúsculo, su piel

se enfurecía, aromática y tierna,

cuando acometíamos las caricias secretas.

Y sus labios me rompían

pronunciando mis nombre de yeso,

mientras me acuclillaba temblando

entre sus espejuelos.

¡Sabes, crepúsculo, ahora soy viejo,

pero recuerdo que su pelo…

domingo, 14 de noviembre de 2010

¿OS ACORDÁIS DEL LIBRO?

¿Os acordáis del libro? Cómo qué libro! Pues El Libro Que Volvió Loco Al Quijote. Bueno, en realidad volvió loco a Quijano y está a punto de regresar a nuestras ocupaciones. Así que arriba todos que hay tarea y, si nadie lo impide, el próximo tiene pinta de ser un buen año.

La mancha

Esta tarde, en la consulta del especialista, he sabido el resultado del análisis final. Las manchas que se extienden por todo el costado presentan unos bordes bien definidos; ya no cabe duda, la perfecta cristalización de la envidia era lo que en los tres últimos años había favorecido la falta de aristas y me había librado de sus punzadas. Llegué a olvidarme por completo de ella.

Los cristales se han roto. He vuelto a notar que los fríos desesperados de la antigua envidia me abrasan, que cientos de hirvientes llagas diminutas, de esas de espejo viejo, se me han instalado en el alma. Dentro de unos días la infección acabará el proceso y ya …

No. No consta cuál es la causa. Aunque tal vez sólo es que los médicos no lo dicen todo. O no lo saben todo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

MI VIDA ES...

Mi vida es como una devanadera de plata,
que espera alguien que sepa liberar el hilo...
(Mein Leben ruht wie eine Silberspule
in ihrer Macht. Lös meinen Faden los.)

Decía el hombre que pedía:
"no despertar a las rosas que duermen"
R. M. Rilke

Y yo dimito de la poesía porque nunca sabré decir las cosas así
ni como mi admirado Luis Miguel Rabanal.

domingo, 31 de octubre de 2010

CONTRA LA SEDUCCIÓN

CONTRA LA SEDUCCIÓN

No os dejéis seducir:

no hay retorno alguno.

El día está a las puertas.

Hay ya viento nocturno:

no vendrá otra mañana.

No os dejéis engañar

con que la vida es poco.

Bebedla a grandes tragos

porque no os bastará

cuando hayáis de perderla.

No os dejéis consolar.

Vuestro tiempo no es mucho.

El lodo, a los podridos.

La vida es lo más grande:

perderla es perder todo.


Bertoldt Brecht

jueves, 21 de octubre de 2010

MENSAJE A SIBERIA

MENSAJE A SIBERIA

Erguidos con orgullo, allá

En Siberia, el cruel destino

Deberéis soportar. Vuestra

Idea prosigue su Camino.

Caerán las cadenas, poco

A poco. Se romperán los muros.

Libres, de nuevo, os abrazaremos,

Y la espada, de nuevo, os daremos.

Alexander Pushkin

jueves, 14 de octubre de 2010

PRIMERA DEDICATORIA

De PRIMERA DEDICATORIA

Y la palabra ajena aparece,

y, como un lejano copo de nieve, se funde

en mi mano, confiada, sin reproches.

27 de Diciembre de 1940

Anna Ajmátova

(Dedicado a la autora de UN DIOS PARA CADA UNO)

martes, 12 de octubre de 2010

RÉQUIEM 1

RÉQUIEM

No, no estaba bajo un cielo extraño,

ni bajo la protección de extrañas alas,

estaba entonces con mi pueblo

allí donde mi pueblo, por desgracia, estaba.

Anna Ajmátova

domingo, 4 de julio de 2010

DOÑA AURITA, MI MAESTRA.

Doña Aurita, mi maestra, que era muy recta nos hizo llorar una tarde de nuestros siete años. Doña Aurita, mi maestra, que siempre nos hablaba dulcemente, en voz baja, nos gritó desaforada aquella tarde. Entre tanto grito, comprendimos que el motivo del enfado de doña Aurita, mi maestra, era que habíamos ofendido a Dios. Aunque yo no había visto nunca a Dios, lo había ofendido y esa posibilidad de ofender a alguien con tanto poder y sabiduría, y que estaba en todos los sitios, aunque yo no lo viera, me asustaba con una congoja que yo no era capaz de confesar a nadie. Aquella ofensa que según doña Aurita, que era mi maestra, yo había inferido no sólo había sido horrible, sino irreparable, porque yo no tenía ni idea de cuál había sido ni sabía qué había que hacer para borrarla. En casa andaba mohíno, con los amigos hablaba casi en secreto, como a punto de pasar definitivamente a la clandestinidad pecadora, recelaba de que alguien me pudiera señalar como el culpable de la tristeza de Dios, de la cólera de Dios, de la venganza de Dios.

El domingo de esa semana, el cura trajo la solución durante la misa. Todo había sido culpa de algunos chicos, cuyos nombres no se supieron nunca ni tampoco que yo estaba entre ellos, que habían pasado junto a la iglesia hablando fuerte. Pero Dios que era magnánimo y bueno, perdonaba aquella ofensa.

Yo llegué a varias conclusiones. Para ver a Dios o comunicarse con él había que ser cura o maestro. No se podía hablar a gritos cerca de una iglesia. Dios, cuando se enfadaba, se enfadaba con todos y te asustaba de manera mortal. Y por último, que yo era alguien importante, tanto que le di un quebradero de cabeza a Dios y que aquello pudo significar el fin del mundo. Y eso, a partes iguales, me producía susto y vanidad.

Si doña Aurita, que era mi maestra, viviera, sufriría de nuevo con pesadumbre y tristeza infinita al ver que yo, ayudado por los jubilados, pensionistas, enfermos, menesterosos, obreros sin cualificar, he sido el causante de la crisis económica mundial. Lo dicen los bancos, los mercados financieros, los corredores de bolsa, los multimillonarios, los grandes inversores, el banco central europeo, los lobbies, las multinacionales. Y esos lo saben, porque ven a la Economía y pueden hablar con ella. A mí sólo me queda, pedir perdón, pasar a la clandestinidad o apechugar y pagar esa crisis mundial que he causado. Los políticos, que son muy buenos, nos han prometido que por un poco más de sueldo, solucionarán esto en una docena de años, o tres, y que por un coste adicional de tocientosmillonesdeuros nos permitirán ver fútbol en la otra punta del mundo que eso es lo mejor para quitar las crisis. ¡Qué buenos e inteligentes son! Seguro que además ellos también ven a Dios y comentan con él. Espero que no les cuente lo mío.

¡Ay, si doña Aurita, mi maestra de los siete años, me viera! Diría, como don Jorge Luis, que soy incorregible.

jueves, 1 de julio de 2010

CANTO AGRÍCOLA

Ya no me cabe duda. Si algo merece un canto, una loa, una oda, es la agricultura. La agricultura con sus múltiples aplicaciones inmateriales. La agricultura de desdicha, tan preciada para los que se labran su propia desgracia; la agricultura del devenir, para los que se labran un futuro; la agronomía pura para los que en lugar de granjear tiernos corderos, granjean enemigos, enemistades duraderas y desconfianzas múltiples, frutos todos de esencias superiores.
Y como la duda no me cabe y debo expulsarla de mí, me retiro a loar, odar y cantar a la agricultura que honra a Moneta (¡Qué curioso!).