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domingo, 30 de octubre de 2011

¿Qué extraño hilo...?

¿Qué extraño hilo nos mueve la mano para retar al destino con pensamientos de imágenes pasadas que no debieron de ser verdad? Una y otra vez invoco a la memoria, y me devuelve palabras de aromas que voy barnizando en sepia para creérmelas. Y me las creo. Me las creo para intuir un mundo que fuera mejor en la perfecta ignorancia que lo envolvía. El mundo de las escasas lecturas que desconocían la palabra literatura, que era diáfano y posible. El mundo en que yo todavía no tenía adjetivos ni valoraciones ni porcentajes ni nada más allá que un presente simple, trazado con algunas palabras y acotado con la dulzura de gestos conocidos.
Cuando lo dejé atrás, estaba seguro de que permanecería ahí, sólido e inalterable hasta mi regreso. Que me esperaría para acogerme y devolverme el esplendor de la edad presuntuosa. No regresé, pero comencé a invocarlo con palabras sabias y elegantes que aparecían en libros notables. Y ya nunca lo encontré. Se perdió bajo el montón de sílabas y silabeos, tras las revueltas de mis miradas adultas. Aprendí tanto que ya no comprendí nada. Ahora ando retando al destino movido por un hilo del pasado que nunca volverá a ser verdad. Un hilo que también se romperá.

martes, 6 de septiembre de 2011

18 minutos.

Ya no quiero despedirme más. Despedirse no tiene sentido si no vas a volver o si no te llevas algún recuerdo. Ahora sé que ya no voy a volver. No tengo de quién despedirme. Y serían pura mierda los dos o tres recuerdos que podría llevarme. Así que ya no voy a despedirme más.
Eso sí, a mi pesar me llevaré unos cuantos olores, y el zumbido de la pedrada aquella que me abolló el parietal derecho; el zumbido que no ha dejado de enloquecerme ni un segundo; el que algunas tardes se mezcla con el gusto herrumbroso de la sangre, que se pega al paladar.
Ya no quiero seguir demorando el momento. No quiero y eso es lo que más me cuesta. Llevo tres horas vestido y armado, he repetido cincuenta y dos veces las consignas y he comprobado de nuevo las conexiones. Saldré ahora mismo. Al mundo le quedan diecisiete minutos.

sábado, 9 de julio de 2011

LOS ADIOSES

Uno, que es esencialmente torpe, tardó en comprender que este asunto de la vida no tiene nada de descubrimiento sino mucho de adioses. Y uno, que es infatigablemente torpe, se empeñó en creer que esta derrota llamada vida tiene sus oportunidades. Hasta que uno, que es desalentadoramente torpe, se rindió a la evidencia y cambió su vida por una colección de calendarios (laborales, lectivos, vitales, sentimentales, ambientales...) y una fatiga tristona. Entonces uno, que es irremisiblemente torpe, perdió hasta la fuerza para perder las fuerzas; hasta...
Llegaron sus palabras de Avilés, de Córdoba, de Argentina, de Italia en demanda de palabras mías, sin que uno llegue a comprender muy bien por qué. Así que uno, que es permanentemente torpe, puso una fecha de arranque de otra oportunidad en ese calendario de alientos recién manuscrito y saltó a esta parte de los trazos y las líneas.
Prometo que en breve desearéis. torpes míos, no haberme movido a escribir, Luis, Graciela, Silvia, Isidro...