
A todos los que pasáis por este blog os propongo:
Por si tú quieres. Te sugiero algo sobre un libro. Te sugiero que me sugieras otro. Te sugiero volvernos librescos, o simplemente leer. Te sugiero ignorar planes para leer. Te sugiero perdernos entre las páginas de ese mundo caduco y real que es distinto aunque lo caminemos juntos. Te sugi...




EXTRACTO DEL DIARIO DE BUENAVENTURA BOISÁN
Aunque me ha costado varios días y no pocos martinis aceptarlo, al fin puedo escribir que sé que soy un experto en perder amigos. No en perderlos de un modo moral o espiritual no. Los pierdo pura y llanamente. Lo supe la primera vez que me crucé con uno hace dieciséis años y no me saludó y yo no me paré y el no se volvió y a mí no me quedó ni un rastro de pesar. Seguramente esa no fue la primera vez que perdí un amigo, pero si la primera vez que yo fui consciente de ello. Después siguió un rastro perdidas sin consignar en la memoria; más que pérdidas eran simples desvanecimientos, yo creo. O usurpaciones. Puede que fueran usurpaciones. Alguien se encaprichaba con un amigo ya hecho, con un trato curtido y aparentemente fiable y se lo llevaba como en una ventolera de verano. Yo ni siquiera notaba los huecos que iban dejando las amistades perdidas, bebía un poco – casi siempre martini al modo del norte – y ni me daba cuenta del desahucio producido en mi vida social.
Pero lo terrible llegó con el teléfono móvil. Primero tuve que sufrir la presencia de un aparato mudo – mejor digo afónico- que olvidaba transmitirme llamadas sorpresivas de amigos en apuros o con ganas de darme una sorpresa o de contarme a deshora lo bien que se lo estaban pasando nosabíandónde. Lo solucioné buscándome unos amigos de conveniencia que me telefonearon según lo convenido hasta aburrir. En realidad, conseguí lo que pretendía y pronto los otros amigos comenzaron a llamar a su estilo, por razones urgentes que inmediatamente se volvían peregrinas. Después… después de algún tiempo, el teléfono empezó a escasear las llamadas y finalmente se secó su timbre. Lo desarmé y llegué justo, justo a tiempo de ver como el último amigo se me iba cobertura abajo. No he vuelto a conectar el teléfono.
Este es el tercer martini ¡Qué asombrosos son los martinis con el limón reventado al estilo del norte! Mientras bebo pausada, pausada, pausadamente veo pasar por el fondo de los hielos la retahíla de los amigos perdidos. Es interminable. Pediré el cuarto martini y dejaré de escribir esto. Escribir me marea.

No han podido ser más eficaces los idus de marzo. Han delimitado todos y cada uno de los bordes de la desdicha. Todos, menos el de la soledad. La soledad no fue una variante apreciable en la luna de sangre que se levantó más diligente que nunca. Apenas eran las seis de la tarde y esa redonda desgracia se desprendió del destino, se liberó del azar y se elevó sobre el subrayado de la lontananza, el que hace desaparecer marzo cada mediodía azul.
No han podido ser más eficaces los idus de marzo. Han eliminado todas las posibilidades de suicidio, homicidio, asesinato, parricidio, óbito, deceso, fallecimiento. Y la lista de desesperados abandonados a la triste suerte de la eternidad ha rebosado de lamentos irrebañables con filo, punta, estoque, cuerda o proyectil. Ni el agua ni el veneno ni la hondura ni la altura. Nada. La desdicha más terrible.
No han podido ser más eficaces los idus de marzo. La muerte ha sido abatida. Ya no queda esperanza para la humanidad.
Y repito ¿Es posible que Dostoievsky hubiera oído algo de esta crisis cuando escribió el adolescente? Claro que no, pero él lo sabía, sabia que determinados comportamientos y sucesos son cíclicos o perennes en el ser humano. Como por ejemplo el de que esta novelita-relato de don Fiodor Mijailovich no se encuentre publicada actualmente en ninguna colección de ninguna editorial. Pero como lo mejor es leerlo por una mismo, he aquí el texto ¡Dios! premonitorio o admonitorio, no estoy muy seguro en esto:Tocante a cómo han de acabarse los actuales imperios y el mundo y ha de fundarse de nuevo el universo social , encerróse largo tiempo en un terco silencio; pero, por fin, pude obtener de él un día algunas palabras.
- Pienso que todo esto ocurrirá de manera bastante ordinaria- dijo una vez-. Sencillamente, todos los gobiernos, no obstante todos sus balances y todos sus presupuestos y su ausencia de déficit, un beau matin se encontrarán finalmente atascados, y todos, del primero al último, se negarán a pagar, de modo que todos, desde el primero hasta el último, se reconstruirán sobre la base de la general bancarrota. Pero el elemento conservador íntegro de todo el mundo se opondrá a ello, por ser accionista y acreedor, y no querrá consentir la quiebra. Entonces, naturalmente, comenzará, por así decirlo, la oxidación general: acudirán muchos judíos y empezará el imperio judaico; pero todos aquellos que no tuvieran acciones ni tuvieran nada, es decir, los pobres, no querrán, naturalmente, tomar parte en la oxidación. Principiará la lucha, y después de sesenta y siete derrotas, los pobres exterminarán a los accionistas, se incautarán de las acciones y ocuparán su puesto como accionistas, claro. Es posible también que digan algo nuevo, aunque también es posible que no. Luego, amigo mío, no sé ya columbrar nada de los destinos que han de cambiar la faz de este mundo... Por lo demás, consulta el Apocalipsis....
El adolescente ¡¡¡1876!!! Fiodor M. Dostoievsky
Si yo mantuviera un diario, cosa que es incierta, la entrada de hoy sería: