
"Quien mete las narices en los libros se ha echado a perder para la cultura, e incluso para la lectura" dice el sabio bibliotecario de El hombre sin atributos de Robert Musil, dice Pierre Bayard.
Por si tú quieres. Te sugiero algo sobre un libro. Te sugiero que me sugieras otro. Te sugiero volvernos librescos, o simplemente leer. Te sugiero ignorar planes para leer. Te sugiero perdernos entre las páginas de ese mundo caduco y real que es distinto aunque lo caminemos juntos. Te sugi...
Si yo mantuviera un diario, cosa que es incierta, la entrada de hoy sería:Hace unos días y no sé cómo ni por qué Verónica dejó de seguir mi blog, supongo que el aburrimiento pudo con ella. Lo cierto es que me quedé a una vela, pero esa vela es Graciela y no hay mejor lienzo que ese para navegar en letras.
Hoy saludo a Susi que llega al blog con todas las consecuencias, es decir, espero que lo disfrutes y te resulte como tú crees.
Pero la gran noticia es que el mar, el viento y un par de sellos me han traídos el libro de Graciela "Un dios para cada uno" y todavía no he salido de la emoción. ¡Qué grande sos, Graciela! A él me entrego como máximo representante, yo, de los "worstsellers" (me gustó tu palabreja).
En un ay estaré aquí de nuevo.
I
Mi corazón es una plaza en ruinas.
Una enorme plaza derruida,
con arcos inexistentes
segados al ras de las plantas que olvidan.
Una plaza con muñones dolorosos
de algún capítulo antiguo,
tan pasado ¡Tan desconocido!
Por las huecas portaladas,
se atiborra el abandono,
martillean los silencios recién estrenados
como silencios de siglos,
espesos y rancios.
Un tintineo acompasado
de sombras anda
columnas arriba y abajo,
trepa por los fustes del deseo,
infatigable, y otea
cuanto se tiende
sobre aceras sin bordes,
que nunca serán calles,
depósitos sin filtro
de sueños ignorantes,
con una placa cuajada
o no de apellidos,
de enterezas pasas
y de hazañas, cometidas
con el último suspiro.
Que hasta mi mano sea aguacero
para sacudir de la primavera
este torrente de tristeza.
Que me escurra la angustia
por los dedos
hasta las venas del vacío,
hasta el dolor ciego
por no ver tu sombra
que también se ha ido.
Que todo suceda mientras
levanto la mano del adiós,
mientras las frases más dulces
todavía me queman
la garganta y los oídos.
¡Mientras la pierdo, Dios Mío!
Que todo acabe en primavera
cuando las palabras ganan
nuevos sentidos;
cuando el aire confunde
entre los aromas,
su aroma perdido.
Que todo acabe mientras duermo
este sueño inmerecido
y mañana, si llega mañana
y me despierta la amanecida,
que, aunque ella no esté,
yo vuelva a amar la vida.


Vivir es luchar contra los demonios del corazón y del cerebro. Escribir es pronunciar sobre uno mismo el juicio final.
(Henrik Ibsen)
Ninguna otra cita me pareció mejor para iniciar este año impar tan prometedor, cargado de palabras capaces de transformar el mundo: crisis, recesión, huelga, revuelta, inflación, paro... El mundo está cambiando y por fin vemos que "El fin justifica los miedos" que tan a conciencia sembraron. Pero Ibsen ya lo sabía.
