Entro en este lugar y la presencia que lo habita me susurra la bienvenida fétidamente tibia bajo la asepsia de trajes con olores raídos, que detienen el tiempo y distribuyen la espera. Un goteo omnipresente vigila a cada visitante y hace cuenta de ciertas demoras, pasa lista a las ausencias incomprensibles y anota presencias sorprendentes y las llamadas veloces que solo buscan el momento de endosar certeramente el te dejo que se me hace tarde. Porque siempre es tarde en todo el mundo, menos aquí donde la prisa también es ajena y espera en alguna parte fumando un pitillo imaginario ante esa puerta amable que se franquea sola.
Por si tú quieres. Te sugiero algo sobre un libro. Te sugiero que me sugieras otro. Te sugiero volvernos librescos, o simplemente leer. Te sugiero ignorar planes para leer. Te sugiero perdernos entre las páginas de ese mundo caduco y real que es distinto aunque lo caminemos juntos. Te sugi...
jueves, 30 de agosto de 2012
ESTE LUGAR
He visto este lugar muchas veces antes. No era ni ficticio ni lejano ni imposible, era ajeno. Siempre era un lugar ajeno, habitado por tantos otros que también me eran ajenos, dolientemente ajenos. Un lugar con puertas amables que se franqueaban solas al paso de cualquiera, delicadamente, sin rozar, sin distraer del alto cometido de visitar el dolor. El dolor siempre anda dentro. Rueda de una planta a otra. Ora se postra callado en un camastro técnicamente higiénico ora gime contra una almohada ora vuelve la mirada sin punto fijo.Se cuela en un ascensor y desembarca en las habitaciones pares de un piso par. Se detiene en una ventana y busca fuera el aullido intermitente de sus secuaces luminosos. Se aplaca un momento plácidamente y se disfraza de tibieza en las lágrimas que pugnan por salir y quedarse.
lunes, 27 de agosto de 2012
EL ARCANO 21
Puede que sí. Puede que yo sea un
ignorante. Puede que yo ignore casi todo sobre la matemática musical y técnica,
sí. Y sobre las ciencias naturales, incluidas las biológicas y los ensayos elementales
de laboratorio. Puede que yo no sepa casi nada de ortografía y poco, bueno
nada, de prosodia. Puede que no tenga experiencia de casi nada, que se deba
contar. Puede que sí, que solo sea modelo en ignorancia. Puede. Pero sé que el
tarot es mentira. Todo, mentira. Todo. Que las tiradas, las manos, los cortes,
las…, las…, como se digan, son mentira. Todo, mentira. Y un engaño. Los arcanos
mayores y menores y todo eso. Es mentira porque me gané así la vida un verano,
suplantando a mi vecina Ruskaya, la echadora, cuando tuvo que irse a cuidar a
su hermana enferma. Sólo es cuestión de labia. De labia y de mentir con las
mentiras más grandes y de la forma más increíble. De decir a la gente lo que
quiere oír. Veo en estas dos cartas una desgracia terrible e inminente, porque
así es como gustan las desgracias. O te acecha un destino fatal, que siempre sonaba muy bien y
encandilaba a las mujeres de cuarenta a cuarenta y tres y a los hombres de
diecinueve a veinte. Vaya camelo eso del tarot. Camelo el tarot francés, el
tarot amalfitano, el tarot de Corcubión, el tarot flamenco y hasta el tarot
turco. Camelo puro. Bueno, una cosa es
cierta, en el tarot Trementino hay un arcano que es completamente
cierto. El arcano veintiuno, el que corresponde a los enamoramientos
prematuros, es completamente cierto. Ese es completamente cierto porque además son
amores sin beneficio. Y lo sé porque cada vez que me salía esa carta, que tenía
forma de flecha gris abatida sobre un tobillo, me invadía un amor inútil por la
primera mujer que pasaba. Era el amor prematuro. No dolía ni alegraba,
únicamente dejaba un sabor de no saber qué, imposible de quitar con besos ni
caricias. Era una mierda de amor, claro; pero en él sí que andaba el destino. A
ver si no cómo era que aparecía en aquella carta, la única verdaderamente
cierta ¿A ver?
De MÚSICA PARA TORPES. Luis Miguel Rabanal
LAS TRAVESURAS
Hay ruidos en la calle
que preferirías no escuchar desde tu mesa,
encienden en tu cuerpo viejas luces tristes.
Cada lunes es muy sano asumir
que te has ido, que no resiste tu boca
esperarla más a las cinco bajo el Roble.
La nostalgia cabe en su mano,
y te culpas por haber soñado que soñabas
con soñar sobre su pubis.
Las frases que pronuncia
el atormentado que crees conocer,
las que nombraban tan bien los días felices
que alguien olvidó tachar
de tu almanaque,
reposan al borde del camino.
Lo mismo que aquellos mineros acribillados.
El que escribe que la existencia no basta para
acostumbrarnos a ella, que el amor te retiene
con sus muslos cerrados y blancos y tibios
y anochece temprano
voto a bríos que no é um fingidor.
Tampoco es difícil pensar que si una vez
el delirio, profusamente, mojó sus cabellos
por qué no iba a terminar ahora
de calentar con veneno la comida.
En sus ratos libres se esconde a la sombra
de algo, no se para a dilucidar su futuro.
Mientras, tú cruzas
las piernas que no tienes para mitigar
las manías y toses con decoro.
Mientras, bajo tu glotis hay burbujas y mimos.
Él dice: bombonero de oxígeno, no te tardes
que me muero, o no es eso lo que dice.
que preferirías no escuchar desde tu mesa,
encienden en tu cuerpo viejas luces tristes.
Cada lunes es muy sano asumir
que te has ido, que no resiste tu boca
esperarla más a las cinco bajo el Roble.
La nostalgia cabe en su mano,
y te culpas por haber soñado que soñabas
con soñar sobre su pubis.
Las frases que pronuncia
el atormentado que crees conocer,
las que nombraban tan bien los días felices
que alguien olvidó tachar
de tu almanaque,
reposan al borde del camino.
Lo mismo que aquellos mineros acribillados.
El que escribe que la existencia no basta para
acostumbrarnos a ella, que el amor te retiene
con sus muslos cerrados y blancos y tibios
y anochece temprano
voto a bríos que no é um fingidor.
Tampoco es difícil pensar que si una vez
el delirio, profusamente, mojó sus cabellos
por qué no iba a terminar ahora
de calentar con veneno la comida.
En sus ratos libres se esconde a la sombra
de algo, no se para a dilucidar su futuro.
Mientras, tú cruzas
las piernas que no tienes para mitigar
las manías y toses con decoro.
Mientras, bajo tu glotis hay burbujas y mimos.
Él dice: bombonero de oxígeno, no te tardes
que me muero, o no es eso lo que dice.
De MÚSICA PARA TORPES. Luis Miguel Rabanal.
(Con cita inicial de M. Nicieza y nota final de MJ Romero)
viernes, 24 de agosto de 2012
Día de Olleir
Riello volverá a ser el Ollier de Rabanal
La Casa del Pueblo acogerá esta tarde la presentación del último libro de este escritor omañés, ‘Música para torpes’

Ana Sarmiento/ L.C.
F. Fernández / León
Luis Miguel Rabanal volverá a estar hoy feliz y triste. Lo uno porque su último libro, ‘Música para torpes’, se presenta en su pueblo, lo segundo porque le recordará que no puede estar allí para disfrutarlo. Ya loo confesó hace doce meses cuando le pusieron una calle con su nombre: “Me duele saber que tengo una calle con mi nombre y saber que jamás la pisaré”.
Debe ser duro, y más para él, que tanto disfrutó su tierra, que tanto la defendió cuando se asomaban los buitres del agua, que convirtió su pueblo real (Riello) en su territorio de ficción (Ollier, Riello leído al revés). Pero así son las cosas y así las acepta el propio escritor cuando escribe en su biografía: “Desde finales de 1997, debido a la tetraplejia producida por un derrumbe doméstico o por un accidente de surf, ya no se acuerda, es usuario de una bonita silla de ruedas Breezy”.
Hoy (a las veinte horas) Riello volverá a ser Ollier de la mano de quienes hacen posible la presentación del libro, Félix Fernández, siempre amigo, siempre cercano, y la acordeonista Ana Sarmiento. Y la voz hecha verso de Luis Miguel en la lejanía, desde Avilés. Sería bueno estar allí, con él, con su República de Ollier, ésa que llama a la concordia. “ La República de Olleir, concretamente, ya que la República de verdad no la verán mis ojos, la he construido a mi antojo literario y personal, sin banderas separadoras, sin quebrantos”. Pues eso.
Y hasta esa República sin banderas llega su último libro. Un paso más. Ese libro en el que el poeta de Ollier se dirige a otro, que bien pudiera ser él. Un libro con mucho que leer, un libro sobre el que hay mucho que pensar, un autor que te obliga a reflexionar: “Ya sabes que nadie querrá ver / el deterioro causado por la lucha, baste / una llaga irrisoria para alcanzar la dimensión / de la catástrofe”.
Y muchas cosas más que hoy te contarán en Riello, o en Olleir, con música de acordeón.
Luis Miguel Rabanal volverá a estar hoy feliz y triste. Lo uno porque su último libro, ‘Música para torpes’, se presenta en su pueblo, lo segundo porque le recordará que no puede estar allí para disfrutarlo. Ya loo confesó hace doce meses cuando le pusieron una calle con su nombre: “Me duele saber que tengo una calle con mi nombre y saber que jamás la pisaré”.
Debe ser duro, y más para él, que tanto disfrutó su tierra, que tanto la defendió cuando se asomaban los buitres del agua, que convirtió su pueblo real (Riello) en su territorio de ficción (Ollier, Riello leído al revés). Pero así son las cosas y así las acepta el propio escritor cuando escribe en su biografía: “Desde finales de 1997, debido a la tetraplejia producida por un derrumbe doméstico o por un accidente de surf, ya no se acuerda, es usuario de una bonita silla de ruedas Breezy”.
Hoy (a las veinte horas) Riello volverá a ser Ollier de la mano de quienes hacen posible la presentación del libro, Félix Fernández, siempre amigo, siempre cercano, y la acordeonista Ana Sarmiento. Y la voz hecha verso de Luis Miguel en la lejanía, desde Avilés. Sería bueno estar allí, con él, con su República de Ollier, ésa que llama a la concordia. “ La República de Olleir, concretamente, ya que la República de verdad no la verán mis ojos, la he construido a mi antojo literario y personal, sin banderas separadoras, sin quebrantos”. Pues eso.
Y hasta esa República sin banderas llega su último libro. Un paso más. Ese libro en el que el poeta de Ollier se dirige a otro, que bien pudiera ser él. Un libro con mucho que leer, un libro sobre el que hay mucho que pensar, un autor que te obliga a reflexionar: “Ya sabes que nadie querrá ver / el deterioro causado por la lucha, baste / una llaga irrisoria para alcanzar la dimensión / de la catástrofe”.
Y muchas cosas más que hoy te contarán en Riello, o en Olleir, con música de acordeón.
(La Crónica de León. 24 de agosto de 2012)
lunes, 20 de agosto de 2012
EL POETA.
El poeta acaba de irse ¡Al fin! ¡Qué pesado y pedante es
este hombre! Y qué perras coge últimamente con eso del tiempo, que si existe,
que si no existe, que si existe pero como si no existiera, que si su existencia
es una convención condicionante… Como si todos fuéramos tontos, como si nos
supiéramos lo que es el tiempo. Una entelequia dice, una simple falacia
abstractiva. Claro, hombre. Por eso se han forrado los relojeros, sobre todo los suizos; por eso se hacen pelucos de oro y
por eso lo primero para lo que sirve un móvil es para mirar la hora, por eso;
por eso he perdido tantas veces el autobús y, por eso, a mí me descuentan parte
del jornal por llegar tarde al trabajo. Por la puRa entelequia.
Además, cuando el poeta toma la palabra parece que
desaparece el derecho universal a la réplica y al diálogo, no hay por donde
colarle un digo yo. Y no solo porque emplee esos términos tan raros que usa,
que en identificar cada palabra tardas una vida y nunca lo consigues. No. Es
que además habla tan deprisa que no aparecen las pausas en la que meter baza. Y
si aun así la metes, alza la voz un segundo antes de que te salga el aliento y
ni te escuchas lo que ibas a decir y hasta te parece una incongruencia. ¿Nunca
se le seca la garganta? Nunca. Debe de tener instalado el manantial de saliva
junto al disparadero de palabras. No se le seca nunca. Ni cuando habla del
pasado ni cuando del presente ni del futuro. El tiempo, en definitiva. Ese concepto tan sencillo y que en su boca se convierte en
el lío de la Santísima Trinidad, uno y trino. El uno es él, que no calla y el
que trina soy yo.
Y al final, lo de siempre, un puro ejercicio de resistencia
porque nadie, excepto él, comprende que el pasado es una tradición que se debe
superar mediante la demolición de los símbolos caducos; que el futuro es la puerta a la melancolía que
siempre nos devuelve al pasado que teñimos de memoria; y el presente… Si hasta
va a resultar que yo no soy yo ni vivo aquí ni apoquino el vino que se acaba de
beber y que yo tenía reservado para celebrar… lo que a mí me diera la gana de
celebrar. ¡Nos ha jodido con el tiempo! ¡Nos ha jodido el vino con el
discursito del tiempo!
Pero al fin se ha ido, se ha acabado la verborrea, justo al
llegar a los posos de la última botella, y vuelvo a ser un individuo inculto y
feliz, salvo por lo del vino, que no piensa en el tiempo ni percibe la música
del universo ni disfruta de la esencial oralidad humana, que también debe de
ser otra guarrería, ni me comprometo con el provenir ni nada de nada. Que soy
un ser apoético, vamos. Pues lo seré, lo seré y punto. Sin embargo esta ha sido la última vez que me llama tonto,
aunque sea con palabras inmarcesibles o inefables – estas las he buscado en el
diccionario y las uso porque no tendré otra oportunidad de endilgarlas-. Esta
ha sido la última vez que me bebe el vino invocando la esencia dionisiaca del
mundo, que tampoco sé qué es, pero que me da que la alusión a otro como él, ese
tal dionisio, otro vividor, otro aprovechado, es la justa para liquidarme el
moje con el que tanto le gusta atufarse.
La próxima vez le suelto un sopapo y me ahorro el tostón y el
mal sabor de boca que siempre me deja el dichoso poeta.
viernes, 17 de agosto de 2012
AQUEL EXTRAÑO
AQUEL EXTRAÑO
Entonces yo era un extraño en
muchas vidas. Eso fue en aquel momento, al principio, antes de que el tiempo
pasara a pertenecer a otros. Otros son, para que te enteres, esos que se
adueñan de retales de tu vida, los que los guardan entre hojas de plástico; esos mismos
que se saben de memoria la mayoría de hechos irreconocibles, anteriores a tu vida pública.
Después de eso, me tocó ser un extraño en
mi propia vida. Un paseante a tiempo completo amarrado a mi brazo y al que cada
día alguien, a quien jamás había visto, me informaba de cosas esenciales, que iban
cambiando el sentido de mi propio mundo, ya imaginas, el mundo del que estaba permanentemente
excluido. Fueron tiempos de preguntar constantemente para no apearme de la
existencia, que pasaba a mi lado indecentemente veloz.
Finalmente han caducado todas las fechas y ya soy un extraño en
la vida. Camino unos pasos detrás de mí, sin inmutarme. Me saludo con alguna
sombra pasajera y rechazo amablemente a los que me dirigen algún gesto. Ya sé
qué hago aquí, he llegado para acompañar a aquel extraño en su multitudinaria soledad.
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